La Octava Estrella

 
Los hinchas de Independiente Santa Fe saben que un triunfo de su equipo debe tener un alto grado de sufrimiento y esta final no iba a ser la excepción. Aunque el partido de ida en la casa del Independiente Medellín lo ganó Santa Fe dos a uno, el partido de vuelta en Bogotá no iba a ser sencillo.
Los seguidores del primer campeón de Colombia hicieron largas filas sin importar el intenso sol y las horas de pie, mientras compraban manillas, pulseras, tatuajes temporales, banderas, peluches o algún fiambre. La espera era algo mínimo a comparación de la ansiedad que los esperaba más tarde.
Una vez adentro del estadio El Campín, la fuerte lluvia con granizo llevó a los asistentes a abandonar sus puestos para refugiarse en los corredores cubiertos del estadio, las risas y los impermeables desechables hicieron del clima otro ingrediente más de cualquier otro día apoyando a su equipo.
Las pieles pintadas y las camisetas llenaron el estadio de colores una vez la lluvia mermó. Todas las edades tenían sus representantes en una multitud llena de humo, papeles voladores y canciones tradicionales de las barras santafereñas; el equipo sintió una vez más que estaba en casa. Un primer tiempo sin goles suponía una relativa calma para Santa Fe, con el resultado favorable como visitante, a lo cual se le sumó la apertura del marcador con un gol de Luis Carlos Arias empezando el segundo tiempo, que hizo sentir en las tribunas el ambiente a celebración.
Pero final santafereña que se respete incluye algo de nerviosismo: un gol en el minuto 89 de Andrés Felipe Mosquera para Medellín puso a los santafereños a mirar el reloj pidiendo que se acabara el partido, ya que un gol más de Independiente Medellín llevaría la final a penaltis, algo en lo que a Santa Fe no le ha ido bien últimamente.
En el minuto 93 el árbitro pitó el final del partido y la euforia de la hinchada era justificada; un equipo que se ganó todo a pulso y que trabajó fuertemente para poner a gozar a los hinchas, que fieles a su equipo, soportan agua y sol felizmente.