La séptima estrella

   

Pieles pintadas, grandes banderas y gritos apasionados; como si se tratara de una infantería lista para la guerra, solo que en esta ocasión no hubo violencia; era la noche de la final de la Copa Postobón que enfrentaba al Independiente Santa Fe con el Deportivo Pasto.

Aunque soy hijo de un hincha santafereño y todos en mi casa están pendientes de los resultados que obtiene el equipo de rojo y blanco de la capital, nunca me había entusiasmado tanto asistir a un partido de fútbol; de hecho solo había asistido a un partido contra el Atlético Mineiro hace más de un año, y al encuentro con La Equidad, apenas días antes de la final.

La emoción y el sufrimiento que todo hincha santafereño experimenta llegó a mí y entendí porqué mi papá ha llegado al punto de no ver los partidos y solo esperar ansioso el resultado final, o el grito de gol de mi mamá, para prender el televisor y ver la repetición de la anotación de Santa Fe.

Mi mamá, mi hermano y yo asistimos a la final; fuimos afortunados al conseguir boletas y poder entrar; suerte con la que muchos no corrieron, algunos al no conseguir boletas y otros que a pesar de conseguirlas, no pudieron entrar al estadio El Campín debido a la venta de boletas falsas, las cuales la organización del evento no pudo detectar eficazmente.

Después de varios vacíos en el estómago y de llegar al receso de medio tiempo con el marcador en ceros, Santa Fe anotó un gol en el minuto setenta que puso a temblar el estadio. Los gritos de emoción y nerviosismo siguieron hasta que el juez pitó el final del partido; no pienso haber sido el único incrédulo ante lo que estaba pasando: nunca había visto a Santa Fe ganar una estrella; estaba acostumbrado a ver crecer la ilusión para luego presenciar la derrota; así como sucede con la Selección Colombia.

Después de la premiación, salimos tranquilamente del estadio y gritamos de felicidad con todos los hinchas que estaban en la calle, ya fueran peatones que salieron del estadio, o personas en vehículos por la carrera treinta de la capital del país.

Me alegra que mi papá haya visto a Santa Fe ganar una estrella más y que los hinchas no fueron violentos; el único incidente grave fue el accidente sufrido por unos hinchas que tristemente dejó tres muertos y un herido. Espero que esta sea una señal de que las pieles pintadas, las banderas y los gritos, se están convirtiendo en generadores de identidad, cultura y convivencia.



Fotografías y textos por Luis Palacios.
Todos los derechos reservados.